En un momento en el que el debate sobre migración e identidad ocupa un lugar central en Estados Unidos, la elección de Bad Bunny para el show de medio tiempo del Super Bowl LX tuvo un significado especial. Su presentación no fue solo un espectáculo musical, sino una declaración cultural en uno de los escenarios más vistos del mundo. En la puesta en escena, convirtió el Levi’s Stadium en una representación de Puerto Rico y la cultura latina, con palmeras, puestos de comida callejera, boxeadores, comerciantes locales y una gigantesca bandera puertorriqueña como protagonistas. Cada elemento funcionó como un mensaje no verbal que reafirmó su identidad latina y celebró la diversidad desde el orgullo y la empatía. La decisión de cantar en español y de homenajear escenas de la vida cotidiana demostró que la autenticidad cultural no solo conecta, sino que se convierte en un diferencial poderoso en un escenario global.
El impacto también se reflejó en las cifras. El espectáculo reunió a 124,9 millones de espectadores, según Nielsen, incluyendo audiencia en televisión, plataformas digitales y visualizaciones en establecimientos o pantallas colectivas. Aunque no marcó récord histórico, la cifra confirma el alcance masivo de una propuesta cultural auténtica en uno de los eventos más vistos del mundo.
Comunicar desde la identidad, apoyándose en símbolos y narrativa visual coherente, permite conectar emocionalmente con audiencias amplias y generar sentido de pertenencia incluso en escenarios de diversidad cultural.